jueves, 25 de diciembre de 2008

EUSKAL HERRIKO KOSTALDEA

La cita estaba puesta el primer día de junio en Hondarribi. El Abuelo y el Kuñao aterrizamos la víspera y pasamos la noche acampados como homeless entre las mansiones de la burguesía, bloqueando con la tienda y los barcos el paseo vespertino a los pobres millonarios.
Bueno, los piratas somalíes unos moñas a nuestro lado.
Poco a poco, fue apareciendo el resto de marineros. Eloy, Bruno, Ander... Mirabamos al cielo y daban ganas de llorar. El aguacero no paraba, y algún piragüista local que había salido temprano, volvía a tierra con la pala entre las piernas ante el estado encabronado de la mar a la altura del Cabo de Higer. Bueno, de perdidos al mar! Ir en un grupo relativamente grande y contar con la presencia de gente muy curtida, da bastante seguridad, así que poco a poco fuimos tirando hacia Pasaia adivinando Jaizkibel entre las nubes, y perdiendo de vista a ratos a los compañeros. En la foto de abajo hay un K2 detrás de la ola, pero sólo se ven las cucharas de las palas.

Aunque aquí ya está sonriente, Jorge volvió a nacer en Pasaia. La Vomito-Party empezó en el cabo de Higer y llegó hasta entrar a puerto (Casi 4 horas). En esas condiciones, todavía no me explico como llegó vivo.
Pocos meses más tarde volvería a saludar a la de la guadaña entrando a la bahía de la Kontxa junto a Xabi en el momento crítico del día de la regata. No fueron arrollados por toda la flota de bajura del cantábrico de puro milagro.


El tiempo nos dio una pequeña tregua, y al día siguiente en una jornada suave, desembarcamos en Zarautz.

La entrada a la playa fue sin problemas, pero la mañana siguiente, hubo que remar fuerte para salir. Que mejor manera para empezar el día que con una serie de olas rompiendo en tu cara.





Sin darnos cuenta, habíamos completado cinco jornadas de remo para llegar hasta Plentzia, donde montamos el pedazo de campamento de la imagen superior. A la mañana siguiente estábamos entrando a Bilbo por la ría. Después de una buena comida, la peña volvía para sus casas. Todos menos yo, que me juntaba con el hermano para volver remando hacia Donosti, pero eso ya fue otra historia.
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MENORKAko ITZULIA

Aterrizamos en Menorca a mediados de junio de 2006. El plan era pasar unos días navegando en kayak alrededor de la isla y aunque esperaba disfrutar, tengo que admitir que no esperaba volver tan impresionado de aquella travesía. Supongo que el hecho de ir en temporada baja y encontrar la costa practicamente desierta ayudó mucho.
Exceptuando el viaje a Cuba en Bicicleta, nunca había experimentado una sensación similar de libertad. Y eso que en varias ocasiones estuve convencido de acabar siendo comida para peces, ya que durante la primera semana en ruta, sacamos un master en negociar mala mar.
Para esta embarcada, los inconscientes fuimos Iker "Puma", Gorka "Vicius", Joseba e Iñigo "Abuelo".
Probando la dureza del material. No trate así a sus barcos, aunque sean de alquiler
Un pequeño "tsunami" nos destrozó el campamento en Cala Pilar. Menos mal que no estabamos en el agua en aquel momento. Al llegar a Ciudadela dos días más tarde nos enteramos de los destrozos ocasionados: Barcos hundidos en el puerto y calles adyacentes arrasadas. Había tenido lugar la Rissaga mas fuerte de las últimas décadas







Cuando los marineros llegan a puerto, lo primero que hacen es fundir la pasta en lujos asiáticos como birra y hamacas.
Aunque con esas pintas parece un pescatero loco, Joseba es todo corazón y rescató de una muerte segura (a manos de Gorka) a este pedazo de calamar. Lástima que al soltarlo mar adentro, cayó a plomo hacia el fondo.



En la isla contabamos con el apoyo moral y logistico de David, que ya es todo un lobo de mar. Al ver la botella encima del kayak, acabo de recordar uno de sus consejos. Insistió en que lleváramos una botella de whiski para echar un trago las mañanas que la mar andaba encabronada. Y la verdad es que salías mucho más envalentonao... pero así está el gremio.


Remontando el torrente de Trebaluger.




Al completar la travesía, va siendo hora de desprenderse de la costra de sal adherida al cuerpo. Nos pegamos la primera ducha en condiciones después de unos cuantos días. Da pena devolver los barcos, y volver a ser simples peatones. Volvemos a mover las piernas y nos encaminamos a un bar donde tienen lugar las celebraciones de rigor.
Resumiendo, navegar en kayak en esta isla es una experiencia totalmente recomendable. Si alguien quiere hacer un viaje diferente, le animo desde aquí a dar el paso. No es complicado pillar vuelos económicos a Menorca, y allí mismo hay posibilidad de alquilar el material a un precio razonable.